Cuando la electroterapia deja de ser terapia
En los últimos años, el acceso libre a dispositivos de TENS y magnetoterapia ha generado una peligrosa normalización del autotratamiento sin supervisión profesional. Pacientes y familiares adquieren estos equipos convencidos de que su uso es inocuo, simplemente porque los han visto aplicarse en una sesión de fisioterapia.
Esta percepción es errónea.
Los agentes físicos son dispositivos médicos. Su aplicación exige conocimientos de anatomía, fisiología, neurofisiología del dolor, dosificación terapéutica y criterios de contraindicación. Cuando estos elementos se omiten, el tratamiento deja de ser terapéutico y pasa a ser un factor de riesgo.

Casos clínicos reales
Caso 1: TENS en menor de edad
Paciente masculino de 12 años con esguince de ligamento cruzado anterior. Uso domiciliario de TENS sin control profesional.
Consecuencias: hiperalgesia, irritación cutánea y retraso en la recuperación funcional.
Caso 2: Electroterapia en secuelas de ACV
Paciente masculino de 32 años con secuelas neurológicas post ACV. Uso autónomo de TENS.
Consecuencias: aumento del tono espástico, fatiga neuromuscular y nula ganancia funcional.
Caso 3: Magnetoterapia como sustituto de cirugía
Paciente masculino de 28 años con lesión meniscal con indicación quirúrgica.
Consecuencias: alivio temporal, progresión de la lesión y pérdida de tiempo terapéutico.

Riesgos del uso indebido
El uso irresponsable de estos dispositivos puede generar lesiones cutáneas y nerviosas, exacerbación de procesos inflamatorios, alteración del control motor y retraso en diagnósticos médicos oportunos.
Cierre editorial
La tecnología sin criterio clínico no es tratamiento, es improvisación. El fisioterapeuta no es un operador de máquinas, es un profesional sanitario responsable de evaluar, dosificar y proteger la función del paciente.
Autotratamiento no es fisioterapia.

Es un riesgo clínico evitable.
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